Ya estamos conectados. ¿Y ahora qué?

Un día cualquiera de 1857, Antonio Meucci puso en marcha su invento, al que llamó teléfrono — hasta que el sinvergüenza de Graham Bell le compró su patente y se apuntó el tanto—. El bueno de Antonio terminó su aparato, se sentó en la silla de su despacho, levantó el auricular y descubrió que no tenía... Leer más →

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