Nadie conoce a Marney

Nadie conoce a Marney. Ni puñetera falta que le hace a ella. Esta noche, Marney es y se siente protagonista. Forma parte del collage heterogéneo de piezas surrealistas que constituye la puerta de entrada al secreto lugar donde escapas cuando todo parece caerse a tu alrededor y necesitas encontrar algún sentido a lo que nunca lo ha tenido. En esa puerta, hay un felpudo que anuncia: Bienvenidos a la Dimensión Muppet.

Todos tenemos cosas que queremos, cosas en las que creemos. Apostamos fuerte por ellas. Lo damos todo, nos dejamos la piel, jugamos duro. Pero aún así, en ocasiones, perdemos. Porque somos humanos. Hay veces en las que la montaña se pasa por el forro lo que le diga Mahoma. Y no nos queda más remedio que aceptar que pintan bastos.

Tener la verdad de tu parte, no es suficiente. Dar todo lo que llevas dentro, no es suficiente. Así funciona la vida. Al fin y al cabo, si creer firmemente en algo y volcarte con ello fuera sinónimo de éxito, la vida perdería bastante emoción, sería aburridamente predecible.

La verdad, aceptar que a veces podemos perder aunque la razón esté de nuestra parte no es un gran consuelo. De hecho, no nos impide sentirnos jodidos cuando descubrimos que dar todo lo que tenemos no es bastante. Cuando alguien nos dice que poner toda nuestra pasión, mostrar todas nuestras cartas y apostar fuerte no alcanza el mínimo aceptable para salirnos con la nuestra, tenemos la tentación de pensar que somos poca cosa, casi insignificantes.

Es en situaciones así en las que necesitas rodearte de gente que te de calor, que te haga sentirte bien, que sepa como pintarte una sonrisa y te ayude a reencontrarte con aquellas cosas que sí vale la pena saborear con intensidad, aquellas cosas que te hacen respirar hondo y hacer las paces contigo mismo y con el mundo en el que vivimos. Esa gente son mis muppets favoritos.

Esta noche, Marney está triunfando. Madonna llena la estancia y nos traslada a otra dimensión. El tequila está causando estragos y no parece haber vuelta atrás. La señorita rock&roll se sube a la mesa y nos hace una demostración de feeling que no se salta un galgo. Todos tenemos un muppet escondido dentro; a algunos de nosotros nos basta con rascar un poco en la superficie; otros necesitarán un mar de Cosmopolitan para sacarlo a flote. Pero cuando lo hacemos emerger es como si nos pusiéramos la piel del revés y enseñáramos al mundo esa cara oculta que vive en nuestro interior y que de vez en cuando necesita darse un paseo y destruir esa imagen que tanto esfuerzo nos ha costado levantar. Hoy, la señorita rock&roll nos obsequia por unos instantes con la compañía de ese maravilloso ser que habita en su interior y que provoca ese efecto hipnótico a la audiencia. Se está queriendo y esa es una fabulosa noticia.

Nuestra madre espiritual, la que nos escucha a todos y nos reconforta, ha abandonado su cueva por unas horas y se ha convertido en corresponsal de guerra. Cámara en mano, nuestra Almodovar particular lo graba todo, tratando de capturar toda la magia blanca que envuelve el momento. Está disfrutando y se la ve feliz por una vez, brindemos todos por ello porque su felicidad es contagiosa y se la merece como la que más. Aplaudo que, durante un rato, deje en el dintel de la puerta su máscara de impermeabilidad que no llega a resultar creíble para abrirse al mundo mostrando la maravillosa persona que lleva dentro.

El anfitrión, nuestro magnífico anfitrión, se acomoda en su sillón y se siente cómodo desde su glamourosa sonrisa permanente. Por momentos parece querer retraerse y fusionarse con el mobiliario, convertido en un espectador de lujo entre toda esta locura. Pero las piernas le empujan una y otra vez a la pista de baile. Material del bueno, hecho a base de buenagente de esa que mola tener a mano siempre. Quien tiene el poder de hacerte sentir como en casa tan pronto cruzas el portal, bien puede decir que posee una virtud que engancha.

En nuestro planeta, La Voz es femenina, como La Melancolía y La Amistad. Y esta noche, La Voz se está recreando. Cuenta historias increíbles venidas de otro mundo mientras hace demostraciones sobre cómo una noticia de la sección local puede convertirse en la más húmeda narración erótica. Me fascina escucharla, me transporta a mil lugares que nunca he conocido ni sospechado tan siquiera que pudieran existir. Esta chica es una caja de sorpresas suministradas a cuentagotas que cautivan a quienes tienen el placer de escucharlas. No quiero que se me escape ninguna; sería estúpido por mi parte perderme las escasas oportunidades de que disponemos para conocer mejor a esos quienes que tenemos al alcance de nuestra mano y no sabemos descubrir por nuestra limitada capacidad de ver más allá, de encontrar los tesoros que nos rodean cada día.

En los postres, nuestra tita tira de anecdotario y, con cada historia que cuenta, no puede evitar dejar a la vista que se trata de una persona que ama a las personas. Una de esas raras excepciones en la raza humana en la que te encuentras frente a alguien que es capaz de mirar dentro de quienes están a su alrededor. Siente a las personas, se pone en su piel, viaja a su interior, mira más profundo, más intenso y más lejos de lo que tu o yo somos capaces. La mueve una profunda admiración por las demás. Mientras cuenta todas esas historias y las anécdotas que crean el álbum de recuerdos de nuestro laburo, que por algo es la veterana de entre todos los muppets, te das cuenta de toda la pasión que siente por aquellos que la rodean; no narra sin más, revive esos momentos, los siente, y te hace viajar con ellos.

Mi ficha roja; sin palabras. Una señora como un templo. El tatuaje que mueve el mundo. La musa de los poetas más canallas a este y el otro lado del gran charco. Mi marinera favorita en el barco de los sueños. La alegría de vivir hecha una mujer de bandera. Un corazón más grande que La Maestranza y Las Ventas juntas, donde me cuenta que se han realizado faenas tan grandes que harían sonrojar al mismísimo Manolete. Propietaria de la risa pura del niño, las ganas de vivir del preso en el corredor de la muerte, esencia andaluza en estado puro, confesora de perdón amable, confidente de reyes y camareros, amiguísima de sus amigos y de los que no lo son. Un alma pura como el agua cristalina que destila su Sierra Nevada; nuestro pedazo de la Alhambra personal, mojado en esas cañas que solo Madrid sabe tirar. Musho arte, el que tiene mi prima.

Y por último, ¿qué os puedo contar de nuestra Dancing Queen que no haya dicho ya en este lugar? Soy un yonki a tiempo completo del poder curativo de su sonrisa. Me gusta perderme en la profunda charca de su mirada. Contagia a la humanidad con su alegría, con su pasión de vivir. Hace de la fiesta su hogar y en él, es la reina del baile que vuelve loca a la audiencia. Ilumina la noche con su sola presencia, creando magia a su paso con la intensidad con que lo haría el polvo mágico de las hadas del bosque. Si puedes superar la impresión hipnótica que provocan sus caderas, descubres en su interior la persona más maravillosa del mundo. Por lo que sabemos, su madre sabe hacer dos cosas mejor que nadie en este mundo: tortilla de patatas e hijas. Así que viva la madre que la parió. La propietaria de mi voluntad, el copyright de mis sueños, el remedio a mi estupidez. El resto, mejor me lo callo. Me quito el sombrero, señora. Y no es sólo por el hecho de que me haya salvado la vida, aunque ella no lo sepa aún. Ni porque aporte un sentido especial a los primeros párrafos de esta carta a ningún lugar. Es por la habilidad que tiene para hacer que quienes la rodean se sientan mejor persona con su sola presencia. Y eso, queridos míos, no tiene precio.

La tarde llama a primavera. El cielo se rasga con un mar de somormujos que regresan a su hogar. La terraza nos transporta a un lugar fuera del tiempo. Las horas se llenan de risas, de chascarrillos, de confesiones a media voz. Luego, ceden lentamente el protagonismo a ese quesito bueno, a una quichelorraine chapeau, a una empanada que quita el hipo, a la sonrisa del tequila que se pone vacilón, ese jamonsito bueno pal cuerpo, a un lomo feroz de tan rico que está.

Más tarde, la noche se enciende. Las historias se enredan. Las risas contagian. Tomo querencia al banco, doy una calada a la velada y me empapo con tanta gente buena. La catarsis está al caer. Cientos de historias que nunca fueron contadas encuentran la luz pálida de un atardecielo mágico. Y la noche muppet está cogiendo una color que quita el sentío.

tejados

Tantas buenas vibraciones vuelan desde el ático que la ciudad palidece de envidia. Hasta la Luna quiere unirse a nuestra fiesta. Desde el séptimo cielo de la cuarta planta, Madre Luna se asoma sobre el mar de los tejados de Madrid y nos envuelve con su candela de pura luz blanca. Que suene la música, que toque la banda, la pista está ardiendo. Y Marney, a estas alturas, ni está ni se la espera. Ni puñetera falta que hace. Sea como sea, es protagonista y con eso le vale.

La noche arde y la dura realidad ha quedado atrás, a mil leguas de distancia, allá en la lejana planta baja. Hoy, aquí y ahora, se recrea un mundo de fantasía ante nuestros ojos, un mundo formado por marionetas de trapo y peluche, un mundo muppet que poco o nada tiene que ver con la vida que nos rodea, un mundo que nos hace huir, evadirnos, sonreír, suspirar, desconectar, hacer las paces con nuestra alma cansada. Objetivo cumplido.

Esta noche, Peter Pan no piensa bajar a escuchar los cuentos que Wendy narra para contárselos después a sus niños perdidos. Esta noche, Peter está sirviendo gin tonics como si no hubiera mañana y a los niños perdidos no nos salva ya ni el séptimo de caballería. La noche, golfa como solo ella sabe ser, se está gustando y nos está haciendo gustarnos a todos estos muppets.

Luego, mil horas más tarde, la madrugada entra sin avisar y lo arrasa todo. No está invitada, pero acude igual. Al fin y al cabo, si nos limitáramos a hacer siempre aquello a lo que estamos autorizados, la vida perdería su gracia; si sólo cogiéramos aquello que nos es ofrecido, qué triste sería el mundo. Y qué buena la sensación de hacer algo porque sí, porque te nace, porque toca, porque queremos, no porque debemos. El misterioso influjo embriagador de la noche, que todo lo envuelve. Jugamos a las damas en una fiesta del pijama con traje de gala. Rompemos el silencio de la noche con canciones que suenan a brisa fresca. En un momento dado, Sevilla se traslada al ático de Huan y la Feria lo inunda todo. Y se quiebran las cinturas, y se sueltan las melenas, y se enredan las risas, y se revienta la caja.

Y un humilde servidor, que poco tiene que aportar al margen de unos cócteles tirados con cariño y un papel secundario en el coro de risas, escapa a la terraza a contarle sus secretos más inconfesables a la Luna, que se hace la despistada. En un momento dado, un desafío me convierte en co-trovador de esta mágica velada muppet. Y yo, que siempre cumplo un pacto cuando es entre caballeros, no iba a ser menos tratándose de tan estupendas señoras. Y allá va la réplica que me deja a la altura del betún…

Así que, con estas líneas, doy fe de cuanto en ellas fue dicho y hago eco de lo que estos ojos vieron. Permítanme que levante mi copa por estos muppets. Ustedes son fabulosas. Ustedes son sangre fresca en la que es un placer libar cuando la vida exprime cosa fina. Ustedes hacen que este mundo de cartón piedra tenga mucho más sentido que el mundo 3D del cine de nuestras vidas. Ustedes, muñecas de peluche y sedas gaseosas, tienen mucho arte. Tchin tchin por todas ustedas y por usted, camaradas de la noche; ¡salud!

Y Marney, querida, esta noche has estado esplendorosa, que lo sepas. Aunque no te conozca. Ni puñetera falta que hace. Ea.

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