Dictaduras de andar por casa

Las dictaduras ya no son lo que eran. Y es que los dictadores, mangarrianes y zangolotinos absolutistas que aún pululan por el planeta andan hechos unos zorros. Liderazgo, se les supone. Carisma, como siempre, a punta de pistola. Pero glamour, lo que se dice glamour, ni en broma.

dictador3Y es que los dictadores de toda la vida siempre han tenido mucho más estilo a la hora de abusar de su clientela; dónde va a parar. Si buscas en las hemerotecas, no te costará encontrar imágenes de señores medio calvos y rechonchetes, elegantemente vestidos como niños grandes en su día de comunión, con el reglamentario uniforme de almirante de la Marina bolivariana y más metal encima que la furgoneta de un chatarrero.

Tanto es así que, gracias a la labor de sus biógrafos, hoy sabemos positivamente que algunos de ellos debían recurrir al uso de andamiajes y estructuras de refuerzo, convenientemente ocultas bajo el refajo y la guerrera, para que sus columnas vertebrales no se corvaran con crueldad bajo el peso de tantas medallas y condecoraciones, todas debidamente autoconcedidas.

Sin embargo, hoy en día las portadas de los periódicos de todo el mundo sufren al tener que mostrarnos esas patadas en la espinilla al buen gusto que son los actuales tiranos, caciques y líderes de revolución varios, tan dados al espantoso uso del chándal, el poncho o las zapatillas deportivas.

Y yo me pregunto: ¿De verdad hay gente que se deja engañar por un pollo vestido con una manta multicolor, cuan si fuera un ordinario cuate tomando tequila sentado bajo un cactus? ¿O con una chilaba estampada? Resulta lamentable en grado sumo.

¿Acaso es de recibo montar una revolución en chanclas? Hombre, por Dios, qué diría Carlos Marx si levantara la cabeza… que ya vamos teniendo una edad. Uno no viste así para ir a la revolución. Un respeto a los torturados, que bastante tienen los pobres con las descargas eléctricas en los pezones o el potro de tortura, que en un momento dado pueden tener un pase. Pero sufrir estos escarnios mientras tienen que visualizar una fotografía del mandamás bananero en chándal con la rajilla del culo asomando sobre la cintura es un dolor que está más allá del que ningún ser humano puede soportar.

A mí, personalmente, me gustaría que si un señor con mostachos fuera mañana a invadir un poco mi país, al menos tuviera la decencia de afeitarse el día antes y vestir con zapatos de cuero y calcetines, como mandan los cánones. Y que, de paso, se colgara un par de medallas, cuanto menos.

Según un estudio norteamericano, los dictadores que lavan el cerebro a sus súbditos vestidos con uniforme militar consiguen un 64% más de resultados que un cantamañanas vestido con el equipaje de su selección de béisbol. Y ya se sabe que los estudios nunca mienten. Y si son norteamericanos, menos. Salvo que traten sobre ubicación de armas de destrucción y fruslerías semejantes.

¿Dónde quedaron aquellas formidables arengas de dictadores bajitos subidos en podios frente a multitudes dispuestos en formación marcial, con cara de estar dispuestos de pegarle a un gatito huérfano? Si es que te sentabas a oírlos y era un primor verles con esas fachas. Te entraban ganas de decir “pase Ud, e invada, hombre de Dios, invada a gusto, que es un gusto verle invadir con esa guisa”. Ante un tipo vestido religiosamente de estricto uniforme militar verde oscuro o de chaquetilla gris aburrido estilo Mao, uno podría llegar hasta a creerse las sandeces que sueltan y todo.

dictadoresPero lo que se ve hoy en día es muy diferente. Un cacique con coletas no es un cacique; es un mamarracho. Ya puede soltarme un discurso digno del mejor Dióstenes, bien surtidito de topicazos, populismos y demagogias, que a mí me entra por un oído y me sale por otra. Así no se va a ninguna parte. Y claro, luego pasa lo que pasa: te viene un orangután vestido en chándal, aleccionando a la población al ritmo de reggeaton por la pertinente cadena de televisión estatal, y se cruza ante cualquier soberano europeo, con su educación, sus principios y su traje de Armani, y al primer rechistar, les cierra la boca de un plumazo: ¡zass! Nada, lo que yo diga; las dictaduras de hoy ya no son lo que eran.

Y otro tanto podríamos decir de sus viviendas, sus vehículos y sus exhibiciones de riqueza. Los malotes de toda la vida vivían y se mostraban como auténticos reyes Midas, rodeados de lujos, de oro macizo, de limusinas impresionantes, de exhibiciones de riqueza, extraídas a golpe de machete a las clases humildes, pero riqueza a la postre. Acumulaban obras de arte adquiridas a algún honrado traficante internacional, se hacían encargar trajes sastre a medida de manos de los mejores ateliers, contrataban a los mejores cocineros del mundo. Su vida transcurría en medio de un gran banquete propio de un rey absolutista francés antes de que la guillotina le separara levemente la cabeza de sus hermosos ropajes.

dictador4¿Cómo podemos comparar semejante derroche de lujo frente a las imágenes de actuales mamarachos abusones, paseando entre su tropa desuniformada con sus barrigas prominentes en descascarillados todoterrenos mientras mastican hojas de coca con algunos campesinos indígenas? Si al menos hicieran como Obiang, que en vez de masticar las hojas con los campesinos, masticaba a los propios campesinos, todavía tendría un pase, pero a mí eso de ver al líder de la revolución masticando fajitas mientras bebe cerveza directamente de la lata con una mano y expropia viviendas a mansalva con la otra, como que me revuelve las tripas del mal gusto, qué quieren que les diga.

Al fin y al cabo, señores que viven a base del cuento de explotar a los ignorantes, a los menos pudientes o a los atemorizados a punta de fusil siempre los ha habido y lamentablemente siempre los habrá, mientras hayan tontos que se dejen dominar. Es algo con lo que la humanidad ha tenido que convivir desde los tiempos de los faraones — otros indecentes que mandaban torturar esclavos desde sus tronos divinos, ataviados tan solo con un simple taparrabos, que hay que tener valor.

Pero digo yo que, ya que nos ponemos a dejarnos pisotear un poco la moral, lo que no se puede concebir es que nos lo hagan con pantuflas y chándal cochinero. Hasta aquí podríamos llegar señor mío. Pase que sus hijas vistan como extras de la Familia Monster. Pase que sus esposas sean cantantes italianas apendonadas. Pase incluso que la primera ministra luzca un bigote propio de un minero polaco. Señores políticos con malas pintas las hay en todas partes.

Pero, queridos señores gobernantes del mundo entero, les ruego, les pido, les exijo, les imploro encarecidamente que, ya que han decidido dedicarse profesionalmente al oficio de aplastar libertades y voluntades populares, se preocupen ustedes un poco por la imagen que de su país ofrecen al mundo entero. Una cosa es que vivan sus señorías de aplastar los derechos individuales y colectivos, y otra muy diferente es que se pasen por el forro las más mínimas normas y costumbres del buen vestir y robar.

Piensen por un instante en la amargura de esos sus ciudadanos explotados, al asumir que el mundo no solo ve a diario cómo son pisoteados en su orgullo, sino que además se van a pitorrear de ellos por ser avasallados por un tipo con tan pésimo gusto. No olviden, estimados dictadorcillos, que nunca ha sido y nunca será lo mismo, ser machacado por un cabrón que por un cabrón con pintas. He dicho.

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