Cosas en las que creemos

Vivimos según lo que creemos, lo que creen los demás sobre nosotros, y lo que creemos que creen los demás sobre nosotros. Y nos aferramos a estas creencias como el punto de apoyo desde el que pretendemos mover el mundo para que gire a nuestro alrededor.

Pero habitualmente no somos conscientes de que, en realidad, no es el mundo el que gira a nuestro antojo, sino que somos nosotros los que nos convertimos en satélites que orbitan erráticamente alrededor de nuestro desconocimiento, nuestros miedos y nuestros frenos.

bombilla

Creemos que somos inmortales, pero no sabemos hasta cuándo.

Creemos que somos importantes, pero no sabemos para quien ni cuánto.

Creemos que somos justos, pero la única justicia que nos importa es la nuestra.

Creemos estar por encima del bien y del mal, pero no sabemos con certeza dónde está el bien y el mal.

Creemos que somos invencibles, pero nos comportamos como si fuéramos a perder un día más. Creemos ser invencibles, pero nos comportamos mas bien como imbéciles.

Creemos que sabemos a dónde nos dirigimos, y no nos damos cuenta de que no nos movemos, que permanecemos quietos, paralizados por el pánico a dar un mal paso.

Creemos ser libres, pero vivimos atados a nuestros miedos y nuestros prejuicios, frenados por la mano de quien nos paga o quien nos pega, esclavizados por convencionalismos, modas y tendencias.

Creemos tener siempre razón. Y por ello, nos empeñamos en no escuchar mas voces que la nuestra para no encontrarnos con argumentos que desmonten nuestro mundo de cristal.

Creemos tener siempre razón y esto nos impide replantearnos si nuestro punto de vista es el correcto o si acaso habría un camino más directo – o al menos más despejado – hacia la verdad.

Creemos en nosotros. Necesitamos sentirnos protegidos, queridos, defendidos. Necesitamos que nos inyecten nuestra dosis diaria de confianza y fantasía para poder enfrentarnos al mundo que nos rodea.

Desde pequeños nos han enseñado que nunca conseguiremos que nadie nos aprecie si nosotros no aprendemos a apreciarnos primero. Pero esas creencias es tan débil como el abrazo de un recién nacido, que necesita aferrarse a alguien sin plantearse si ese alguien es la mejor opción en quien apoyarse. Esas creencias son tan débiles como nuestra fe en nosotros mismos, en quienes nos rodean y en el mundo en el que vivimos.

Creemos que no necesitamos a nadie más; que guiamos el timón de nuestras vidas; que no necesitamos nada o nadie en quien apoyarnos. Y nos lo repetimos una y otra vez mientras anhelamos el calor de un abrazo o la seguridad de unos valores en los que sostenernos.

No nos permitimos ser incoherentes. No nos permitimos tener dudas. No nos permitimos ser reflexivos. No nos permitimos tener miedo. No nos permitimos pedir perdón. No nos permitimos respetar a alguien o a algo que no seamos nosotros mismos porque creemos que todo esto nos va a hacer inferiores, débiles, vulnerables, aburridos, prescindibles, explotables, peores personas.

Y en realidad, no nos damos cuenta de que esas dudas, esas incoherencias, esos miedos, esas inseguridades, esos arrepentimientos no nos hacen peores; nos hacen humanos.

i believe

Simple y maravillosamente humanos. Imperfectos, dubitativos, sensibles a lo que nos rodea. Sencillamente, humanos.

Creemos que conocemos todas las respuestas, pero la realidad es que desconocemos la mayoría de las preguntas.

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