Se Vende


rastro_madridCaminando sin rumbo por las calles desiertas de los domingos, a esas horas extrañas en las que hay más confesionarios abiertos que bares de copas amargas, me encontré con un mercadillo de esos que los viejos tanto gustan de recorrer para reconciliarse en sus rincones con los rastros de otros tiempos, que fueron los suyos. Apenas dos docenas de puestos, cubiertos con sus telas blancas y su futuro negro sobre un cielo gris plomizo, se escondían entre las calles retorcidas de Lavapies, exhibiendo impúdicamente trozos de vidas perdidas, retales de tela azul que una vez cubrió un sueño imposible, restos de tiempos caducos, jirones de nubes que se volatilizaron en menos de lo tarda en hundirse una vida en el pozo sin fin del olvido. Y sobre cada uno de ellos, descansaba un cartel anunciando sus ofertas:

Se venden ventanas indiscretas, ojos inquisidores de cerraduras, pestillos que se cerraron para siempre.

Se venden sastres sin cajones, espejos sin alma, gentes sin complejos, conejos sin chistera ni cobijo.

Se venden gusanos sin manzana, manzana sin pecados, pecados sin perdón, perdones sin conciencia.

Se venden deseos carnales, guadañas que sesgan vidas, gafas para la justicia, verdes esperanzas.

Se venden portazos con desaire, gritos en la noche, almohadas con lágrimas, miradas melancólicas de Alfredo Landa.

A través de callejuelas formadas por los montones desordenados de cachivaches y cajas de cartón, mis pasos me arrastraron junto a decenas de cómplices silenciosos del lujurioso escrutinio de artículos en venta. Una morbosa curiosidad guiaba nuestro deambular por los rincones somnolientos sobre una alfombra de adoquines mojados por las lágrimas de una lluvia nocturna de cubatas y orines. Ojos que escudriñan hasta el último puesto deseosos de fisgonear en las vidas ajenas, de aprehender intimidades semidesnudas, de capturar secretos de alcoba, de indagar en las huellas del pasado. Cada una de ellas, pregonada a voz en grito por la retahíla de los comerciantes:

Se vende el libro de ruta del Holandés Errante.

Se vende el último sorbo de la copa más amarga.

Se vende el parche del ojo de un pirata inmobiliario.

Se vende primera edición manuscrita de La Ley del Deseo firmado por una tal Eva.

Se vende el reloj que se detuvo un segundo a descansar y perdió para siempre el paso.

Se venden mil y una noches de estancia en Sodoma y Gomorra, todo incluido.

Vendedores que bocean a los cuatro vientos la mentira de sus mercancías, desafiando a quien ose poner en duda el valor de sus artículos. Mercaderes convertidos en meretrices sin escrúpulos ni embozo, que exponen a la vista de todos las interioridades que una vez fueron huella íntima de existencias anónimas. Comerciantes del desprecio, traficantes de embargos insidiosos, dependientes respetables de vidas robadas, mercachifles de mudanzas precipitadas, tenderos de los restos de una herencia sin dueño, carroñeros de las ruinas de los caídos en desgracia. Sus voces rebotan airosas sobre los muros de la ciudad que apenas se espereza en la cama, intentando estirar la noche del sábado más allá de lo que permiten sus sábanas antes de mojarse las canas en el café del desayuno.

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Y allí, bajo el cielo gris de la amenaza de lluvia presta a hacerse realidad, su tráfico de enseres y pertenencias que ayer fueron alma y hoy cenizas continua bajo la atenta complicidad de los madrileños madrugadores. A esa hora en la que los que no consiguen hacer las paces con su cama se estrechan la mano con quienes cumplieron ya con su alcoba tras una noche de pijama, palmatoria y rosario; la misma hora en la que los lobos canallas con bolsillos repletos de deseos insatisfechos saludan tocándose el ala del sombrero a las comadres con mantilla que acuden prestas a su cita con el ángelus. Bajo el manto de Madrid, todos tienen cabida; sobre el manto de Madrid, por encima de sus cabezas, sólo se oyen a temprana instancia las letanías del comerciante, que relata sin cesar el interminable catálogo de sus géneros malditos:

Se venden amores a medida, sexo con nombre, escobas de remordimientos, cuentos sin moraleja.

Se venden pensamientos prohibidos, promesas para oídos sordos, costureros de mangas verdes.

Se vende cicuta en mal estado, compota fresca de la fruta de la pasión, el Hoy sin Mañana.

Se venden princesas azules, brujas despechadas, cíclopes miopes, sapos sin príncipe.

Se venden noches sin luna, besos con sal, frutas prohibidas, cuartos menguantes.

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Se venden bigotes de dictadores, políticos baratos, dioses en saldo, esquinas sin porvenir.

Se venden bodas sin noche, primas arriesgadas, bocas de riesgo, caídas de ojo con pecado incluido.

Se venden damas sin compañía, espejos para madrastras, vírgenes a estrenar, anhelos de peluquera.

Se venden palabras que se lleva el viento, promesas electorales a mitad de precio, héroes venidos a menos.

Se venden cordones de zapatos de serpiente, cinturones de castidad, identidades en crisis, rebajas en tus pretensiones.

Se venden cabezas de turco, piedras para zapatos ligeros, palomas a la rama de olivo en conserva. Se venden alcobas desiertas, peces chicos, banderas ensangrentadas, hiel para lunas, piropos para albañiles. Se vende el halago que no llegué a decirte, el marco de un Dalí que nunca fue pintado, el hilo de los acontecimientos que nunca llegaron a suceder. Se venden vendas de momia, cuñados corsarios, aves de paso, la mano del muerto. Se venden peces que no se mojan, tartas de cumpleaños con treintaytodas sus velas, barajas para tahúres zurdos.

Se venden pesadillas para suegros, escarcha para el alma, venganzas servidas en frío.

Se venden Wendys en enaguas, humo de gurús, serendipias a mi pesar, la leche que nos dieron.

Se vende lo que no es un blog, manteles para sobremesas interminables, embarazos embarazosos.

Se vende 2 de Copas sin sed, Marney para lo que necesites, verdades que algún día he de contarte.

Se venden billetes sólo de vuelta, secretos inconfesos de girasoles, escrúpulos de tortuga, memorias de radio, anhelos de Campanilla.

SE ACEPTAN BILLETES FALSOS, TARJETAS DE DESCRÉDITO, TALONES DE AQUILES, PAGARÉS SIN GARANTÍAS Y CHEQUES ANÓNIMOS. NO FIAMOS A LOS VIVOS.

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