Y sin embargo, se mueve (I)

El hombre es un ser social. Desde el mismo día en que descendimos del árbol y pusimos pie a tierra, desmarcándonos de nuestros primos primates, desarrollamos un marcado carácter grupal que evolucionó en complejidad con la llegada del Hombre de Cromagnon y el Neardenthalensis. Ya una vez reconvertidos al formato Homo Sapiens, el sentido grupal humano nos distanció del resto de los grandes mamíferos y nos posicionó como los seres vivos mas evolucionados. O al menos eso es lo que nos gusta creer.

Como consecuencia de nuestra evolución, inventamos la especialización de roles, la división de tareas, la gestión de los recursos productivos y el pensamiento abstracto. De hecho, rebuscando entre los ruinas de la ciudad mas antigua jamás encontrada, ÇatalHöyük, fundada durante el Neolítico, hay suficientes pruebas de que estos cambios eran una realidad ya en aquel entonces.

Sin embargo, pese a tanta evolución y tanto bandazo ideológico, el concepto de sociedad en sí ha mostrado a lo largo del tiempo algunos principios inmutables. Esto es,

  • Siempre ha existido una diferenciación injusta de clases y roles por sexo y edad.
  • Siempre han habido luchas por el poder – interna, frente a otros clanes, contra la Naturaleza… –
  • Siempre hemos destacado a unos individuos del grupo para que asumieran el rol de dirigir al resto de la manada, bien sea espiritualmente (chamán, hechicero, hombre de fé, religioso), intelectualmente (artistas, filósofos, pensadores) o ejecutivamente (caudillos, faraones, reyes).
faraones

Faraones egipcios, primeros grandes gobernantes de la Historia

Desde los albores de la Humanidad, la sociedad ha imitado a la Naturaleza, de la que proviene. Al igual que los grandes simios, el individuo mas fuerte dirigía al resto. de este modo, el ejercicio del poder venía detentado por aquellos que hacían demostración de ser los más fuertes del grupo, bien sea en el campo de batalla o en competencias entre sus miembros. Podríamos decir que para ejercer el poder no se requería de una capacidad intelectual superior a la de nuestros congéneres. Esta es otra realidad que tampoco ha evolucionado desde entonces.

Pericles

Pericles, precursor de la Democracia

Desde un primer momento, la relación del grupo social con su máximo dirigente nunca ha sido fácil. Tan pronto como la sociedad alcanzó el más básico nivel de complejidad con la aparición de la ciudad, este poder adoptó la forma de un ejercicio mandatario nominalista, como defiende Foucault, duro y autoritario. El mas fuerte dirigía al grupo en su propio beneficio, sabedor de que nadie podía atreverse a hacerle frente. Los nacimientos de la Sociedad y la Tiranía vinieron de la mano en parto múltiple. A los dirigentes de las primeras sociedades de la Historia (asiáticas, orientales y egipcias) se les legitimó en el poder otorgándole un origen divino o bélico. Y el pobre individuo de a pie se vio subyugado a papá-Estado y se convirtió simplemente en un recurso para mayor gloria de sus mandatarios. El poder apenas se preocupaba por la supervivencia de sus súbditos salvo por mantenerlos vivos para poder disponer de mano de obra y soldadería. La única libertad disponible era elegir si morir en las obras de una pirámide o en alguna guerra peloponesa.

No fue hasta el nacimiento de las grandes sociedades del Mundo Clásico, Grecia y Roma, y la aparición de la Filosofía y el pensamiento político cuando aparecen los primeros sistemas de gobierno en los que se contempla, aunque sea parcialmente, el derecho de los ciudadanos a decidir y participar activamente en la vida política de su Estado. Pese a ello, no podemos olvidar que, incluso para aquellas cumbres del pensamiento político, solo eran considerados como ciudadanos los individuos poseedores de un cierto estatus, mientras que convivían con esclavos considerados seres infrahumanos. La condición de ser ciudadano o esclavo venía otorgada por nacimiento y era para toda la vida, como la suegra y las patas de gallo.

Luis XIV

Luis XIV, paradigma del monarca absolutista

Sea como fuere, a lo largo de todos estos años, el poder siempre ha tenido a bien aplastar y sofocar las voluntades de su pueblo y someterlos a sus propios intereses. Así, de aquellos reinos de taifa, acabamos derivando, por pura coherencia en el auge de las monarquías absolutistas mediada la Edad Media, donde el distanciamiento entre el pueblo llano y la cabeza del estado adquiere su máximo exponente. La cabeza del estado recae en el rey, ajeno a las necesidades de su pueblo y dueño y señor de todas las propiedades de su nación, incluido el derecho a la vida de sus súbditos. El pueblo, inculto hasta los extremos, inconexo y arruinado, se deja someter y se conforma con que se les permitiera el uso de tierras en usufructo, soportar el derecho de pernada y que, de vez en cuando, las tropas reales hagan alguna ronda para evitarles ser demasiado saqueados por asaltadores y países vecinos.

bolivar

Simón Bolivar, el gran liberador de Sudamérica

La estructura social hasta bien avanzado el siglo XVII se compone de una inmensa y aplastante mayoría de clase baja compuesta por el campesinado y unos pocos artesanos y manufactureros, el clero y el ejército como clases independientes remuneradas y al servicio de sus amos, y una inmensa minoría que detenta todo el poder y acumula toda la riqueza. El proletariado es considerado como un conglomerado de seres inferiores sin ningún derecho ni representatividad. Y estos aceptan el vasallaje y el sometimiento como algo natural. Desnutridos, malvestidos y desarmados, poco más pueden hacer frente al poder de sus amos. La vida del ciudadano común alcanza su mínimo valor.

No será hasta la llegada de los siglos XVII y XVIII cuando se produzcan los primeros movimientos populares en rebeldía contra un poder establecido y en defensa de unos derechos comunes. En una primera instancia, estos movimientos buscaban la independencia política de un territorio contra el sometimiento a una gran potencia colonial.

Dentro de la lógica mas elemental, se requería de un sentimiento suficientemente fuerte como para generar una cohesión social tal como para romper la inercia al sometimiento a un status quo. Y este sentimiento solo podía generarlo la idea de pertenencia a un mismo grupo social, a una unidad supraindividual que pudiera aunar por igual a ricos y pobre, oligarquía y campesinado, ejército y clero. Esta idea fue el sentimiento de pertenencia a una misma nación.

Roto de este modo el tabú de rebelarse contra aquellos que te daban de comer – o al menos, te apretaban lo suficientemente poco el gaznate como para que te entrara la comida -, el ejercicio de la voluntad común de los individuos que componen un país se movilizó para imponer sus derechos y reclamar las libertades a las que todos creían tener derecho por nacimiento. Irónicamente pues, la primera revolución popular se generó con el consentimiento y el apoyo de la oligarquía, aunque fuera local.

Desde entonces hasta nuestros días, nuestro viejo y querido mundo ha visto desfilar un movimiento popular tras otro, generalmente de índole violenta, en pos de la utópica búsqueda de una convivencia mejor o, en el menor de los casos, mas justa e igualitaria.

Es extremadamente difícil fijar una cronología y absolutamente injusto establecer una relación de hitos y jalones conseguidos en esta errática carrera; así que, al menos, me limitaré a relatar una consecución de momentos que, por su transcendencia histórica, han quedado marcados en la memoria de nuestra civilización:

  • Fue precisamente en los siglos XVI a XVIII cuando, aprovechando la debilidad de las coronas españolas y portuguesas, las colonias ultramarinas deciden iniciar el proceso de independencia de sus metrópolis. Nativos y emigrantes se unen para enfrentarse al poder de unos imperios desgastados por las luchas europeas – éstas, sin embargo, no pueden considerarse movimientos populares puesto que eran auspiciados por nobles y herederos desterrados y enjuagadas por la sangre de sus levas de pago -. Este proceso duraría hasta las postrimerías del siglo XIX, con las últimas liberaciones de Cuba y de Filipinas en ultramar.
  • Inspirados por este movimiento, las trece colonias estadounidenses declaraban la guerra a Gran Bretaña en 1775 e iniciaban un proceso de independencia que culminaría con la Declaración de Independencia en el Tratado de Versalles (1783) y la primera Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica (1787). Un siglo después, los grandes países africanos se unían al movimiento de liberación nacional.
  • toma de la bastillaOtro gran hito llegaría apenas 2 años después con la Revolución Francesa (1789). Por primera vez, una nación europea se sublevaba contra el poder establecido de su propio nación y derrocaba a la tiranía de sus gobernantes, que vivían rodeados de grandes lujos y ajenos a la miseria de su pueblo. Con la Revolución Francesa se crea un precedente histórico en la lucha por las libertades ciudadanas, por un reparto mas justo de la riqueza, por la representación popular en las decisiones de estado y por la igualdad de clases. De un marcado carácter violento, como no podía ser de otro modo por otra parte, La Revolución Francesa desató un movimiento del pensamiento liberal que alcanzó su cenit con el Manifiesto Comunista de Marx y Hegel. París se convierte de este modo en la capital mundial de la neodemocracia, del mismo modo que Atenas lo había sido veintitrés siglos antes.
  • Otro gran paso histórico vendría con la Revolución Rusa. El pueblo ruso, exprimido por el régimen autoritario del Zar y la opresión de una nobleza que lo tenía sometido a un estadio próximo a la esclavitud, se encontró puesto entre la espada y la pared del reclutamiento forzoso a participar – y morir – en la Primera Guerra Mundial o morir de inanición. El papel de líderes marxistas como Lenin o Stalin provocó una sublevación popular en 1919 que llevó al poder al partido bolvechique por la revolución iniciada por el proletariado y el descontento ejército bajo el lema de “paz, tierra y pan”. De este modo, se constituyó el primer régimen de gobierno comunista.
  • mao (2)Casi al unísono (1921), en Pekín se desataba una revuelta estudiantil en la que participaba un joven Mao Zedong, fundador del partido comunista chino. Tras un período de gobierno en coalición con el partido nacionalista, en 1930 nacía la nueva República Soviética de China. En ambos casos, el germen del nuevo establishment pretendía ser el sóviet, un gobierno de representación ciudadana, un antepasado del actual sistema de democracia representativa que rige en la mayoría de países modernos.
  • A una y otra orilla del Atlántico, la democracia se extiende por todo el mundo occidental. Sin embargo, todavía no se trata de una democracia absoluta sino, más bien, de sistemas censitarios y restrictivos cuyos derechos solo afectan a una parte minoritaria de la población, precisamente la que cuenta con mas recursos y menos necesidades. Estas democracias incipientes aún son excluyentes para mujeres, obreros o campesinos. Todavía serían necesarios levantamientos populares y revueltas ciudadanas para conseguir la ampliación del censo hasta alcanzar la democracia universal. Aunque estos movimientos se vieron interrumpidos y alterados con el desarrollo de las dos guerras mundiales.
  • pinochetMientras Europa lucha por instaurar sistemas de gobierno igualitarios y democráticos y en África se lucha por la independencia colonial, Sudamérica entra en el s. XX con la madurez de su independencia apoyada en gobiernos de caudillos o sistemas de democracia censitaria donde la corrupción erosiona las arcas del estado para el enriquecimiento de unos pocos. A partir de este momento se sucederá una interminable serie de golpes de estado militares provocados, con mayor o menor apoyo popular, por una parte de la cúpula militar que actúa en defensa de las libertades y derechos del pueblo erosionados por gobernantes egocéntricos. Sin embargo, estos movimientos tenderán a la perpetuación del agitador en el cargo, que adoptará con demasiada rapidez el sistema de diezmos y abusos, de modo que la sociedad solo percibe un cambio de “amo”, pero no experimenta mejoras sensibles en sus condiciones de vida.
  • En la década de los años 20 y de los años 40 del siglo XX se disputan las dos Guerras Mundiales. Aunque no pueden ser consideradas como movimientos populares, puesto que fueron declaraciones de guerra gubernamentales, sí contaron con un elevado apoyo popular, especialmente en la SGM contra el movimiento xenófobo nazi. De ellas difirió un paso definitivo en la defensa de los derechos de los ciudadanos de todo el mundo: La Declaración Universal de los Derechos Humanos, ratificada por las Naciones Unidas en 1948.
  • gandhiEn 1947, el movimiento de agitación no violenta y desobediencia civil encabezado por Mahatma Gandhi y secundado por Nehru termina por alcanzar la independencia de la India.
  • luther kingEn Estados Unidos la lucha por la igualdad racial de la mano del reverendo Martin Luther King moviliza a millones de ciudadanos en un país que muchos consideraban como la cuna de la democracia moderna pero donde todavía se vivía in facto un ambiente xenófobo y racista alentado por los miembros del Ku Kus Klan y bien visto por los estados sureños y del medio oeste, donde las heridas abiertas por la Guerra de Secesión (1861-65) en defensa de la abolición de la esclavitud aún seguían escociendo.
  • La Transición Española, la Revolución de los Claveles portuguesa, la Marcha Verde marroquí y la Primavera del Mayo del 68 francés nos demostraban hace menos de medio siglo que aún quedaba mucho trabajo por hacer en diferentes lugares del mundo.
  • Dos décadas mas tarde, en concreto el 9 de noviembre de 1989, la caída del infame Muro de Berlín simbolizaba el fin de los regímenes pro-soviéticos y la desaparición del Telón de Acero, nombre asignado a los países europeos orientales sometidos al comunismo. La quiebra del sistema marxista era una realidad y sus ciudadanos, cansados tras muchos años sometidos al silencio y la represión y acuciados por la pobreza y la dictadura leninista con que se enfrentaban quienes se oponían al puño de hierro de su gobierno y hacían oír su voz.
  • El mismo año de la caída del Muro moría Botha, el infame presidente sudafricano que había consentido durante veinte años que su país se manchara con la vergüenza del apartheid y de Klerk iniciaba el proceso de abolición del mismo que se convertiría en una realidad dos años después, en 1991. Los esfuerzos de todo un país de mayoría negra, a medio camino entre el levantamiento popular y la lucha silenciosa comandada por Nelson Mandela, dejaron un reguero de muertes, encarcelamientos y enfrentamientos durante décadas.
  • Entrados en el siglo XXI, todavía quedan deberes por hacer. Algunas naciones de importante peso histórico y geopolítico como China, Corea del Norte o Cuba todavía están sometidas a dictaduras comunistas y regímenes opresores de las libertades populares. Los Derechos Humanos siguen siendo sistemáticamente infringidos en estos países a diario.

¿Hemos evolucionado en algo? Evidentemente, sí. ¿Han servido los movimientos populares para conseguir una mejor convivencia humana? Debemos creer que sí. La sangre de millones de muertos, caídos en revueltas violentas o ejecutados en represalia por participar en estos levantamientos, merece dar una oportunidad a que así ha sido.

Sin embargo, la realidad que nos rodea nos sigue demostrando cada día que este mundo, este viejo y querido mundo nuestro, todavía tiene suficientes motivos de qué avergonzarse y todavía tiene pendientes unas cuantas cuentas por disputar para llegar a convertirse en el lugar que todos queremos para vivir nosotros y nuestros hijos.

Y sin embargo, se mueve…(Galileo Galilei, tras verse obligado a abjurar de su teoría del heliocentrismo por el Tribunal de la Santa Inquisición en 1633).

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