Carta a mi hija Isabel en su primer día de escuela

Querida Isabel:

Acabas de dar tu primer paso en el camino de tu formación y tu educación. Te felicito por ello. Hace apenas unos días no eras más que un pequeño revoltijo de brazos y piernas que me miraba sorprendida con esos ojos enormes desde su cuna en el nido y, hoy ya te has convertido en toda una señorita que, con solo tres años y una coleta por banda, se adentra en los pasillos de un colegio, donde se te ve tan pequeña, tan débil y tan indefensa. Toda tu infancia y toda tu adolescencia transcurrirán durante esta etapa de estudios, formarán un todo en tu vida y durante ella se construirá tu personalidad. Permíteme, hija mía, hoy que empiezas esta etapa tan importante de tu camino, que te de algunos consejos que creo serán de utilidad en tu vida:

No olvides nunca, todos y cada uno de tus días, ser feliz y disfrutar de ser una niña. No quieras correr más de la cuenta en el desarrollo de tu personalidad; tiempo tendrás de jugar a ser adulta y de vivir en el mundo de los mayores. Pero, mientras llega ese día, sé una niña; vive y compórtate con la inocencia y la ingenuidad de una niña. Celebra el privilegio que Dios te ha dado de nacer en un tiempo, un lugar y un entorno que te lo permite. Aprovecha la oportunidad de pertenecer a una familia que te quiere, te respeta y te protege. Desgraciadamente, millones de niños no pueden vivir con las ventajas que a tí te han sido dadas. Siente afortunada por ello y comparte y consuela a quien no ha tenido tu misma suerte.

Aprende a respetarte a tí misma. Si tu no lo haces, difícilmente conseguirás que nadie pueda hacerlo. Huye de la gente que no te respeta, porque no merecen tu compañía, pero no los odies por ello. El odio es una semilla que sólo alimenta malas hierbas, y las malas hierbas son improductivas, estériles. Tu cuerpo y tu mente son un templo de Dios; respétalos y hónralos. El milagro de la vida ha obrado en tí con un fin. No desesperes en la búsqueda de este fin, pero tampoco dejes de buscarlo nunca. Sólo al encontrarlo sabrás lo significa vivir en paz contigo misma y con los que te rodean.

Confía en tí. Siempre. Si hay una lección que he aprendido en mi vida, es que sólo desde el respeto hacia quien tú eres y de donde vienes, y sintiendo y mostrando una confianza ciega en tus posibilidades, conseguirás todo lo que te propongas en la vida. Cree en tí. Sé perfectamente que, si lo haces con fe ciega, podrás lograr lo que desees. Nada, por imposible que pueda parecerte, estará fuera de tu alcance. Y, si alguna vez flojeas o te llegan dudas sobre lo que vales, recuerda que tu padre y tu madre también creemos en tí.

Sin embargo, evita cometer el error de confundir respeto y confianza hacia tí misma con soberbia. Vayas donde vayas, siempre encontrarás a gente que sabrá mas que tú; escúchalos. Esfuérzate con comprender los motivos que llevan a la gente que te rodea a decir lo que dicen y a hacer lo que hacen. Admite que siempre puede haber una opinión diferente a la tuya. Nadie está en la absoluta posesión de la verdad universal. Como humanos que somos, deja siempre abierta la puerta a aceptar que todos, incluyéndote a tí misma en ese todos, podemos estar equivocados. O, simplemente, pensar de un modo diferente al nuestro. Sólo los necios se empeñan en no escuchar mas opinión que la suya propia. Sólo los tiranos y los déspotas niegan a los demás la oportunidad de tener opinión propia. No seas necia ni tirana; tú eres mucho más noble que todo eso.

Debes saber, hija mía, que este camino que no has hecho mas que empezar te acompañara durante toda tu vida. Tu escolarización terminara dentro de varios años – los que necesites o los que decidas dedicar -, pero el resto de tu vida será, debería ser, un continuo aprendizaje. No cejes nunca en tu ansia voraz por aprender, por conocer, por enriquecer tu mente. Siempre encontrarás áreas del conocimiento en las que puedas profundizar. Siempre hallarás simas en las que poder asomar tu conocimiento. Siempre tendrás lagunas por rellenar en tu sapiencia. Sé insaciable en tus ganas de conocer, de formarte, de aprender. En mi vida nunca he conocido a nadie a quien saber más le hubiera perjudicado; sino mas bien, se de personas que en los últimos momentos de sus vidas solo lamentaron no haber dedicado mas tiempo a conocer el mundo en el que vivimos y las verdades que lo rodean.

Aprende, pues, de quienes saben más que tú, sobre todo los que hablan desde la experiencia que sólo los años puede aportar. Sus palabras serán lecciones magistrales si sabes tener oídos para ellos. Habrán momentos en tu vida en los que debas obedecer a otras personas. Hoy, a tus padres y profesores; mañana, quizás a tus superiores en el trabajo. Entiende que esos mandatos vienen otorgados desde la experiencia o desde los méritos obtenidos en sus vidas. Vivir en sociedad significa en ocasiones tener que obedecer. En muchas ocasiones no nos gustaría hacerlo, pero es así como funciona este mundo y debemos respetarlo.

Aun así, cometerás errores. Somos humanos, no podemos evitarlo. Aprende también de ellos para que no vuelvan a repetirse. Asúmelos como parte de tu proceso de aprendizaje y esfuérzate en aprender a desdramatizar esos errores, esos problemas. Por muy exigente que seas contigo misma, concédete de vez en cuando el privilegio de equivocarte sin que se acabe el mundo por ello.

Aunque aún eres demasiado pequeña para ser consciente de ello, acabas de entrar en algo mucho mas profundo que un colegio: acabas de entrar en una realidad tan inmensa como compleja y heterogénea que los adultos llamamos sociedad. De hoy en adelante, todos los pasos que des, los darás en sociedad. Todo lo que te rodea, todos los que te rodean, forman parte de sociedad a la que tú también perteneces. Algún día, cuando seas consciente de ello, sólo te pido que lo asumas con naturalidad y te esfuerces en entender cómo es y cómo funciona el mundo en el que vivimos. Vive de modo que nunca tengas que arrepentirte ni avergonzarte de nada de lo que hayas hecho; al fin y al cabo, esa es la norma principal para saber vivir en sociedad.

Posiblemente hallarás ocasiones en las que nuestra sociedad te parecerá injusta o desproporcionada. Puede que te haga sentir discriminada, confusa o ninguneada. O puede que sientas que actúa así con las personas que te importan. En esas ocasiones, recuerda que la sociedad es la suma de los individuos que la componen. Si no te gusta, si te parece equivocada, recuerda siempre mirar primero en tu interior y preguntarte si hay algo dentro de tí que merezca ser cambiado. Si tú cambias a mejor, una parte pequeña de nuestro mundo se habrá convertido en mejor. Y quizás los que te conozcan, vean ese cambio y lo imiten. No pretendas transformar el mundo por tí sola; agotarás tus fuerzas, perderás tus esperanzas y no conseguirás nada. En vez de ello, aplícate en cambiar persona a persona, empezando por tí misma, y lograrás tu objetivo. Sé que tu tienes suficiente fuerza y energía como para ello.

En resumen, querida Isabel, vive tu vida con intensidad, con entereza y con templanza. Disfruta de cada momento, de cada alegría que aparezca; no sabes cuándo se volverán a repetir. Relativiza los momentos tristes y las penas; incluso a la noche más oscura le sigue siempre un día soleado. Utiliza tus días con inteligencia y vive y actúa de modo que nadie se pueda sentir herido, menospreciado o triste por tu culpa. Vive en paz con Dios, contigo misma y con los tuyos. Recuerda que vivimos de prestado; nadie sabe el día y la hora hasta cuando viviremos. Que cuando llegue ese día puedas dedicarlo a despedirte de los que te rodean y no a apresurarte a pagar las deudas pendientes.

Y, para finalizar, un último consejo: nunca pierdas esa sonrisa que tienes. Cuando la muestras, haces que cesen las tormentas, que el sol brille mas fuerte, que se detenga el tiempo y que me de un vuelco el corazón.

Tus padres, que te quieren.

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